Los dos candidatos en las elecciones a la presidencia de la RFEV suman 142 años de experiencia

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(7/feb/21) Pepe Martínez (72 años) y Javier Sanz (70 años) encabezan las dos candidaturas que se presentan a la presidencia de la Real Federación Española de Vela, con elecciones el 9 de marzo. Ambos tienen décadas de experiencia en la Junta de la RFEV y en otros cargos directivos relacionados con la vela. Cuesta pensar que alguno de estos dos candidatos pueda aportar a la vela un proyecto o una solución novedosa que no hubieran ya aplicado en tantos años en los que tuvieron la oportunidad de hacerlo.

Pepe Martínez, en sus mensajes corporativos propone “una revisión exhaustiva de las cuotas que cada club anualmente abona a la federación nacional, devolviéndolas a niveles similares a los de 2016, cuando se incrementaron notablemente”. La intención parece buena, pero Pepe Martínez olvida decir que él era el vicepresidente de la RFEV cuando se tomaron estas decisiones que ahora quiere revertir.
Javier Sanz, también vicepresidente de la junta directiva saliente en la RFEV, tuvo la habilidad política de dimitir de su cargo unos meses antes de las elecciones. Ni que fuera para marcar distancia con una directiva en la fue la cabeza visible en cuestiones económicas. Su proyecto busca “mejorar, no cambiar. Nos toca marcar una línea continuista", explicaba Sanz. Un programa un poco decepcionante para quienes esperaban concreciones y nuevas ideas de futuro.
Uno de los raseros más utilizados para medir la buena gestión de la RFEV son los resultados en los JJOO. No es casualidad que el año electoral de la RFEV coincida con el año olímpico, todo y que en 2020 la pandemia trastocó todos los planes, para disgusto de la presidenta saliente Julia Villanueva. Martínez y Sanz presentan pues su candidatura con el triste aval de los grises resultados de la vela española en los JJOO de Río 2016. Como es habitual en estos casos, la culpa siempre es de las directivas anteriores.

La experiencia es un grado
Donde las décadas de experiencia de los dos candidatos merodeando despachos, pasillos y cocteles en repartos de trofeos cobra su carta de valor es a la hora de decantar voluntades entre los 117 miembros de la Asamblea Electoral que les han de votar.
Tanto P. Martínez como J. Sanz saben lo que han de prometer a los 18 presidentes de las federaciones autonómicas. Saben lo que quieren oír los 44 presidentes de los clubes náuticos de la Asamblea. También saben cuáles son las prebendas que ilusionan a los 15 técnicos, y las zalamerías que engatusan a los 5 jueces y 36 deportistas de alto nivel. En estos temas, ambos candidatos son ‘viejos zorros’ y conocen bien el popular refrán de: “Prometer, prometer hasta meter y, una vez metido, . . . . nada de lo prometido”.
El sistema electoral que rige en la RFEV es absolutamente pre-democrático y está en las antípodas de lo entendemos hoy como sufragio universal (ver artículo Elecciones de la RFEV: Reducto de la Democracia Orgánica franquista ). Los candidatos conocen esta laguna democrática y por ello sus mensajes van estrictamente dirigidos a los 117 asambleístas que van a decidir su elección, secuestrando la voluntad y el derecho de voto de los 40.000+ federados de vela que hay en nuestro país (datos 2018).
Pepe Martínez seduce a los clubes diciendo que son “esenciales para vertebrar actividad náutica en España” y promete: “acercar la organización de las grandes regatas nacionales a todos los clubes del territorio y que sea asequible para los equipos más modestos de la vela base. Esto permitirá también que los clubes puedan destinar más recursos a sus regatistas”.
Martínez no descuida su mensaje –casi de oferta laboral- a los técnicos: “La candidatura quiere poner el acento es la formación, la nueva federación se convertirá en una referencia por sus centros, métodos de enseñanza, innovación y planes directores. Los clubes náuticos podrán acceder a un plan de formación continua de sus deportistas, técnicos y entrenamiento". Por prometer que no quede.
Javier Sanz es más pragmático en sus promesas y afirma llanamente que van a “trabajar mucho”. Por si alguien lo dudaba.
Ambos candidatos presumen de tener de su parte la mayoría de voluntades de voto de los miembros de la Asamblea. Para los asambleístas, lo más inteligente y habitual es dar el aval (se puede avalar a más de un candidato) y prometer el voto a tantos candidatos como se presenten. Al final, el voto es secreto, y las infidelidades –aunque espectacularmente altas en cada sufragio- tienen su titularidad indemostrable.
Resumiendo mi conclusión, la ausencia de sufragio universal en la elección a la presidencia de la RFEV secuestra todo atisbo democrático y elude la representatividad de los federados. Sin tener que dar explicaciones a sus 40 mil federados, los candidatos pueden limitarse a dar vagas explicaciones de buena voluntad.
Las concreciones sobre la viabilidad financiera de la federación, sobre los proyectos en la vela de promoción, sobre los centros de tecnificación de los olímpicos, sobre el devenir de la vela de crucero o sobre cualquier otro tema que afecte a la vela, como podría ser un paso al frente en la democracia electoral de su federación, quedan inéditos en la campaña electoral.
Durante su mandato, o de cara a una eventual reelección, el presidente no ha de responder ante sus federados, sino ante 117 personas sobre cuyo cargo y/o empleo puede influir de forma directa.
Esto no son elecciones ni es democracia. La vela se merece rejuvenecer sus estamentos, empezando por el sufragio universal en sus elecciones presidenciales.

Por: Enric Roselló