La crisis del COVID 19 nos permite redescubrir Cala Fornells con tranquilidad

Mar Abierto - Cala Fornells es un rincón encantador en la costa SW de Mallorca.
Mar Abierto - Nuestro velero amarrado en Port Adriano. Los 13 m. de nuestro barc

(16/jul/20) La crisis sanitaria ha permitido volver a disfrutar este año de cala Fornells sin grandes aglomeraciones. Este simpático rincón en el SW de Mallorca, en la zona más urbanizada de la isla, es la base habitual de grandes catamaranes y motoras para el paseo de turistas. La crisis turística ha ralentizado la puesta en marcha de estas actividades y, a mediados de julio, cala Fornells estaba a plena disposición de los navegantes de recreo.

Cala Fornells y sus vecinas Caló de ses Llises y Ses Aigos Verdes forman un decorado de postal entre rocas, pinos y fondos de arena. Bueno, esta descripción sería suficiente hace 60 años, actualmente hay que añadir un par de hoteles y un enjambre de apartamentos adosados ‘colgados’ en las rocas obre el mar que han desfigurado la costa por completo. Hay que poner imaginación para seguir viendo la belleza original de este tramo de costa, pero aun es posible. Las propias rocas cierran un poco la cala al ‘embat’ dominante, por cuanto el lugar suele ser agradable para el fondeo cualquier día de verano.
Con uno de los dos hoteles cerrados y la práctica totalidad de los apartamentos vacíos, las aguas de esta cala, con la roca/isla Cocó de curioso testigo tenían a mediados de julio muy pocos visitantes, mayormente locales. La afluencia por mar, por el contrario, era notablemente abundosa. Se ha de decir que la visitamos en domingo, por cuando es normal que llegaran muchas pequeñas motoras de los puertos cercanos. También vimos varias lanchas de alquiler, inequívoca señal de que el turismo está despertando poco a poco.
En las cercanas y siempre animadas playas de Palmira y Torá, que recrean el gran núcleo turístico residencial de Paguera, los bañistas en la playa también eran escasos. El drama socioeconómico de la pandemia está permitiendo ver una Mallorca muy distinta a la habitual.
Al caer la tarde, la mayoría de las motoras fueron volviendo a puerto. Nosotros aprovechamos para dar una vuelta con el chinchorro y apreciar de más cerca los detalles de este tramo de costa. Apenas tres veleros nos quedamos a dormir en cala Fornells.
Al día siguiente cambio radical de escenario y nos dirigimos a Port Adriano para repostar agua, gasoil, algunos víveres, ir al banco, a la farmacia y llenar las baterías de amperios. Siempre hemos tenido una simpatía especial hacia esta marina, lejos de toda población de entidad, pero ubicada en un lugar estratégico de la isla.
Especializada en las grandes esloras tras su ampliación culminada hace unos 10 años, Port Adriano ofrece una amabilidad de la marinería y del personal de oficinas impecables. Nos hicieron en situ un adaptador 64/32 amperios para la toma de corriente. Hay un servicio de cochecito que te lleva de punta a punta del puerto a voluntad. En los muelles, la oferta gastronómica está bastante tipificada hacia el cliente internacional, pero es cómoda y variada. Subiendo los 100 m. de empinada rampa se llega al núcleo residencial de El Toro, que nada tiene que ver con el glamour que reina en los muelles. Hay un supermercado bien surtido y todo tipo de sencillos comercios.
Tras tantas virtudes, la piedra en el zapato de Port Adriano es la inflación que han sufrido sus precios. La primera vez que vinimos a Port Adriano tras su ampliación (antiguo puerto de El Toro) fue en 2012. La noche costaba 60 € y así se mantuvo unos años, luego pasó a 80€, 90€ y este año la factura subía a 176€ para un 12 m. Es bastante menos que lo que cobran las marinas de Ibiza o Formentera en esta época y Port Adriano ofrece un lujo y calidad de servicio significativamente superior a las Pitiusas. Pero 176€ ya es un presupuesto más difícil de acomodar para una recalada que, básicamente, es técnica.