Port de Soller: Primera escala en un verano 2020 incierto en sus propuestas

Mar Abierto - El Port de Soller es el refugio más seguro en la costa NW de Mallo

En el siglo XIX, en Port de Soller tuvo línea regular marítima con Marsella y con Barcelona antes de tener un camino o carretera -dignos de este nombre- que la comunicara con Palma. Llegando con barco a esta bonita bahía en la costa NW mallorquina y viendo las altas montañas que la separan del resto de la isla se entiende este secular aislamiento.
Tanto Soller como su puerto quedan en un fértil valle al noroeste de la Serra de Tramuntana y solo la autopista a través de las montañas -inaugurada hace unas pocas décadas- ha roto un aislamiento de facto que, durante siglos, apenas tuvo como medio de comunicación por tierra un complicado sendero por las montañas y más tarde una estrecha y sinuosa carretera que se hacía interminable al viajero.
Por casualidad, nuestra visita coincidió este año con la re-inauguración de la línea marítima regular de pasajeros entre el Port de Soller y Marsella, un flujo que los hoteleros locales veían con muy buenos ojos y que rompe con el omnipresente influjo alemán que reina en el turismo de Mallorca.
Hablando de turismo, su ausencia en lo que llevamos de verano es dolorosamente palpable. El 80% del PIB balear proviene del turismo y una temporada como la que se avecina, donde apenas se espera llegar al 50% de ocupación –puntualmente y en el mejor de los casos- es un drama socioeconómico de muy alto nivel.
Sin ánimo de caer en un cinismo gratuito, este parón forzoso está permitiendo comprobar las propuestas de algunos grupos políticos y sociales referidas al turismo de masas y de borrachera que llena habitualmente muchos de los núcleos turísticos de Mallorca. Los hoteles y las playas vacías han recuperado un silencio nocturno, una tranquilidad urbana y una claridad del agua que solo los más viejos recordábamos en esta isla.
La propuesta es seductora, pero la economía balear difícilmente se la puede permitir con las actuales infraestructuras. De forma involuntaria e imprevista, el drama sanitario y económico de este verano ha permitido vislumbrar lo que podría ofrecer Mallorca a sus visitantes si no dependiera del turismo de forma tan abrumadora. Da que pensar.
En el Port de Soller que encontramos, la mayoría de los hoteles están cerrados, con visos definitivos para 2020 en algunos casos y con carteles de próxima apertura en otros. Bares y restaurantes mantienen algo mejor el tipo, pues pueden llegar a subsistir con la clientela local. Todo y así, el inefable Marisol que preside el puerto desde siempre sigue cerrado a primeros de julio.
Sin disponer de cifras fehacientes, el turismo náutico también parece haber bajado en su afluencia, pero nada que ver comparado con la desolación terrestre. Quizás el chárter parece menos activo que en años anteriores, pero los barcos privados siguen llegando con sus armadores a bordo. Desde el punto de vista sanitario, el turismo náutico familiar es posiblemente una de las variantes de viajar más seguras que ofrece esta temporada.
Llegamos pronto por la mañana y fondeamos en la rada tras dar una vuelta de ‘aproximación’. Hay espacios libres, pero no falta demasiado para la plena ocupación que suele ofrecer este fondeadero. El cielo está velado de nubes y hemos descartado pasarlo en la playa. Por la noche, un violento ‘esclafit’ con rachas de 25 nudos pone a prueba los fondeos durante apenas 10 minutos, lo suficiente para que media docena de barcos deban replantear su posicionamiento.
Tras un día de relax y paseo por el Port, a la mañana siguiente arrumbamos hacia el sur de la isla. La idea inicial era merodear un par de días fondeando en los pequeños rincones a los pies de la Serra de Tramuntana. Pero el cielo gris y la anunciada tramontana manda y nos hace cambiar de planes. La cala Deià, el puerto de Valldemosa o el de Banyalbufar deberán esperar a mejor ocasión. Por el camino hacia la isla Dragonera incluso nos caen unas gotas y unos vientos cataváticos se desploman por las laderas de la Serra con rachas de hasta 30 nudos cerca de tierra, cuando apenas media milla hacia el mar, el viento queda prácticamente a cero. Cosas de la meteorología.

Por: Enric Roselló, editor de Mar Abierto