Portocolom: El puerto más completo de la costa sudeste de Mallorca

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(1/ago/20) Este verano, el viento del E/SE ha soplado ininterrumpidamente durante casi todo el mes de julio, hasta el punto de formar un constante mar de fondo contra la costa que incomodaba el fondeo nocturno en todas las calas. Las molestias se han hecho incluso patentes en los puertos menos protegidos contra esta eventualidad, como Cala Figuera o Cala Ratjada. Portocolom ha sido el único refugio natural al margen de este inconveniente.

Cuando se inauguró el puerto deportivo de Portocolom allá por los años 70, yo era un chaval y recuerdo la draga trabajando para abrir el canal de acceso al nuevo puerto manteniendo un calado regular sobre los tres metros. Este canal aun sigue en servicio y mantener un calado acorde a las necesidades de la moderna navegación es, de hecho, uno de los problemas crónico de Portocolom. Cada año hay actuaciones al respecto en alguna zona de esta enorme rada natural.
Portocolom es el único puerto de la isla que ofrece al navegante –con prácticamente la misma seguridad- opción de fondeo (frente la playa a la entrada del puerto), de boya (CN Portocolom VHF-9) o de amarre en pantalán (Club Náutico VHF-9 o Ports IB VHF-8)
En este escenario, la recalada en Portocolom, tras una agitada noche en la Cala Gran de Cala d’Or, fue como un bálsamo de tranquilidad y quietud por un par de noches. Mi abuelo tenía un socio y amigo que veraneaba en Portocolom y esta escala era cita obligada cada año cuando de niño nos llevaba de crucero por las islas con su gran llaud. Mis recuerdos empiezan a mediados de los años sesenta.
La verdad es que la primera línea urbanística de este puerto no ha cambiado demasiado desde entonces. El aspecto de la primera línea de Portocolom llegando desde el mar al entrar en puerto es casi el mismo hoy que hace cincuenta años. Donde las constructoras se han empleado a fondo es en la segunda, tercera y cuarta fila de edificios del pueblo, así como en los grandes bloques residenciales de la vecina cala Marçal, algunos de ellos asomando al mar en la ribera sur del puerto.
Este año fuimos de paseo a visitar esta cercana cala y comprobamos los duros efectos de la crisis, que mantienen cerrados la práctica totalidad de hoteles y comercios de esta zona turística. La primera línea de muelle en el puerto tradicional seguía este año con sus restaurantes y comercios abiertos y funcionando gracias a los residentes locales (se incluye en este concepto a los abundantes extranjeros con propiedad en esta localidad) y al turismo náutico. Las cifras de facturación en restaurantes, tiendas o en la gasolinera no son ni mucho menos las de otros años, pero han podido abrir y dar continuidad a su negocio. Algo que muchos de sus vecinos no van a poder hacer.
Lo que hoy conocemos como el pueblo de Portocolom, el barrio donde está el Club Náutico y todos los demás amarres del puerto, es relativamente reciente y fue fundado a finales del siglo XIX, junto a lo que era el edificio de La Aduana, para dar cabida al creciente número de visitantes de veraneo que tenía esta población.
Hasta entonces, Portocolom prácticamente se resumía al actual barrio de La Capella, donde está la iglesia principal y que este año nos ha sorprendido con un creciente número de rehabilitaciones y construcciones de nueva planta y alto presupuesto. Parece que los modernos veraneantes vuelven a apreciar la tranquilidad de este tradicional barrio.
Los modernos barrios de Portocolom, mayormente hacia el interior y hacia la cala Marçal, nacieron con el boom el turismo mallorquín desde los años sesenta. Son barrios urbanísticamente anodinos y sin mucho interés.