Philippe Delamare gana la Global Solo Challenge 2023/24 alrededor del mundo en Solitario

Plilippe Delamare llegando triunfal a A Coruña culminar la primera edición de e

(27/feb/24) El sábado 24 a las 15:03, Philippe Delamare cruzó con su Actual 46 ‘Mowgli’ la línea de llegada en A Coruña, ganando la primera edición del Global Solo Challenge tras 147 días y 1 hora de navegación desde que zarpara, también desde A Coruña, el 30 de septiembre de 2023.

Su llegada fue emotiva, con grandes olas golpeando la costa cerca de la Torre de Hércules, el faro en activo más antiguo del mundo. Las últimas millas las recorrió con solo el génova y parcialmente enrollado, ya que dos días antes había roto su botavara y no podía usar la mayor. Además, entre Uruguay y Río de Janeiro cedió el arraigo de la vela de estay en cubierta, limitando la elección de velas.
‘Mowgl’ avanzó a pesar de sus cicatrices y al cruzar la línea de llegada, con la patrullera de la Guardia Civil haciendo sonar su bocina, Philippe levantó los brazos con dos bengalas rojas como ganador de la Global Solo Challenge.
En el muelle de Marina Coruña, un grupo de familiares y amigos esperaban su llegada y, entre los fuertes aguaceros, la lluvia paró momentáneamente, permitiendo ver a Philippe descorchando la tradicional botella de cava.
El mítico navegante Jean-Luc Van Den Heede sorprendió con su visita, ironizando sobre lo inusual que le resultaba recibir a Philippe tras una circunnavegación, cuando en numerosas ocasiones él había sido el protagonista de tales bienvenidas. Jean-Luc hubiera querido participar en la Global Solo Challenge con su ‘Let’s Go’, velero en el que había logrado el segundo lugar en la BOC Challenge de 1986. Le habría gustado cerrar su currículo como navegante en el barco que lo llevó por primera vez alrededor del mundo, pero algunos problemas técnicos lo hicieron desistir.
A medida que un cansado Philippe Delamare contaba su aventura, salían a la luz más detalles, como que estuvo a punto de recalar en Hobart tras una semana en la que muchas cosas seguidas salieron mal y se sintió abrumado, inseguro de afrontar el Pacífico con tal lista de problemas técnicos acumulados.

La sombra de una recalada
Al llegar a Cabo Leeuwin, tras una navegación relativamente libre de contratiempos, empezó a tener problemas para arrancar el motor, que solía poner en marcha unos 45 minutos cada 5 días. Algo en el arranque parecía estar dañado y no logró que funcionara. Puenteó el positivo y el negativo con un destornillador causando incluso el apagón temporal en los instrumentos, incluida la desconexión del piloto y la consiguiente salida en orzada del velero. Finalmente aceptó que no podía solucionar el problema.
Poco después, se rompió el brazo del piloto automático principal. Tenía otro de respeto y lo instaló, pero esto lo dejó sin repuesto cuando estaba a punto de abandonar el océano Índico para entrar en el Pacífico. A continuación rompió ambos lazy jacks y, dado el agitado estado del mar, se hacía impensable una subida al mástil. En un accidente, salto uno de los soportes de cubierta del botalón del espinnaker, dejando una filtración en cubierta.
El ’Mowgli’ también chocó con un objeto flotante que arrancó uno de los soportes del hidrogenerador. Philippe tomó piezas de su unidad de repuesto para la reparación, pero seguir adelante con solo un hidrogenerador funcional se añadía a la avería del motor. Llevar instalado un piloto de viento como último recurso declinó la balanza en favor de seguir adelante.
En paralelo, una de sus rodillas se inflamó mucho, causando un gran malestar y se dio cuenta de que el perfil de aluminio de su enrollador de génova se había soltado en su tramo superior. Era la gota que colmaba el vaso, pero los contratiempos parecían haber concluido y vio que con 2-3 vueltas permanentes en su génova podía seguir utilizando la vela. Hizo un nudo en el cabo del enrollador para que la vela nunca pudiera desenrollarse completamente. Su rodilla comenzó a mejorar y si el soporte del hidrogenerador volvía a romperse, pensó que encontraría la manera de fijarlo en la popa.
En cuanto al brazo del piloto automático, se convenció de que la unidad tenía algún problema de fábrica ya que a veces hacía un ruido que nunca llegó a entender. El tiempo le ayudó a procesar cada problema y a encontrar posibles soluciones, incluso improvisó un lazy jack y comenzó a aplazar la posible parada en Hobart por una en Ushuaia.
Cuando dobló el cabo de Hornos, el ‘Mowgli’ no sumó más problemas y la rodilla había sanado, aunque un lumbago le obligaba a caminar a cuatro patas por cubierta. Sin embargo, se sentía suficientemente confiado y en su blog bromeaba sobre su manera tan poco elegante de desplazarse por el barco.
Hacia la latitud de Uruguay logró arrancar su motor, posiblemente por las temperaturas más altas. A medida que continuaba su camino hacia el norte, el arraigo de popa del estay se arrancó de cubierta, causando daños en cubierta. Desde ese momento, solo pudo usar su génova principal, lo que dificultaba ceñir con vientos fuertes.
Afortunadamente, la navegación con los alisios hacia el norte transcurrió sin incidentes y solo al llegar a las Azores se encontró con las tormentas que lo aproximaría a la línea de llegada. “No era una situación sencilla -explicaba Delamare al llegar-. No tenía opción, no tenía dónde ir, aparte de quedarme cerca de las Azores. Y no había solo una, sino varias tormentas. Dudé, pero sabía que podía seguir”.
Su aproximación a la costa gallega no fue fácil, con olas de más de 7 m. En un momento dado, el barco se tumbó y la escota de la mayor se soltó, dejando la vela libre con el barco iniciando una trasluchada involuntaria que partió en dos la botavara. “Podría haber sido mucho peor y soy consciente de que tomé bastantes riesgos, pero estaba en línea con lo que sentía que quería hacer y estoy feliz de haber seguido. Si hubiera decidido evitar la tormenta, creo que habría perdido al menos 3-4 días y había otra tormenta justo detrás. y quizás habría encontrado otras dificultades, ya que el área afectada por las tormentas era muy extensa”.

Un barco para la victoria
Una de las claves de la victoria, según explicaba Delamare, fue acertar con el barco. Estuve mirando algunos Class 40, pero eran veleros demasiado regateros para mi experiencia. Decidí buscar un barco fiable y sólido que yo pudiera llevar cerca del 100% de su potencial la mayor parte del tiempo. Miré muchos veleros hasta dar con el ‘Mowgli’, un Actual 46".
Recordemos que la Global Solo Challenge se disputa en tiempo compensado, con los barcos saliendo en orden inverso a su rating de cara a conseguir que el ganador en tiempo real lo sea también en tiempo compensado.
"El Actual 46 es un velero de finales de los 80 de una eslora que se me hacía cómoda. Tras comprarlo, pasé 10 meses trabajando todos los días en un refit total, incluyendo nuevo mástil, velas y electrónica. Elegí un barco más asequible para poder reservar suficiente presupuesto para prepararlo bien. Por ejemplo, monté dos pilotos automáticos independientes en su cableado y sensores e instalados profesionalmente. No fue barato, pero al tener un barco más barato, pude destinar más presupuesto para prepararlo con el cuidado que requería.”