¿Soy el único que se aburre viendo las regatas de la #37 Copa América en Barcelona?

Poco viento en la jornada de ayer, unas condiciones críticas para conseguir hace

Las primeras regatas de la Louis Vuitton Cup me están pareciendo especialmente soporíferas. Más allá de la impresionante velocidad de estos ¿veleros? y exceptuando los minutos de climax en la pre-salida, el resto de las regatas se me hacen tediosamente previsibles. El que sale primero gana 19 de cada 20 mangas y alargar las pruebas a 6 tramos de B/S se me hace excesivo. Una ida y vuelta a la boya de barlovento me parecería más que suficiente e invitaría a la disputa de más pruebas.

Ciclistas en la tripulación?
Lo de los ciclistas a bordo es otro tema que me escuece. Tener a unos renombrados ciclistas pedaleando sin descanso en las ‘mazmorras’ del barco, sin poder ni levantar la vista y con la única función que generar potencia hidráulica, me recuerda los tiempos de los remeros en las galeras. No creo acertado comparar estos ‘cyclors’ (mezcla sajona de los apelativos cyclist y sailor) con los tripulantes que manejaban los desaparecidos winches en los AC75. Un trimmer ha de saber cómo, cuándo y a qué velocidad debe cazar o amollar cualquiera de los cabos de maniobra. No trabaja a ciegas. Un cyclor está pedaleando incansablemente los 25 minutos que dura cada manga. Los cortes audio por TV dejan oír a menudo su sudoroso jadeo mientras los ‘navegantes’ opinan tranquilamente entre ellos sobre la mejor táctica a seguir. ¡Anacrónico! Me parece mucho más razonable que los barcos salgan de puerto con la energía que necesiten, o que cambien las normas para poder integrar a bordo los medios mecanizados que haga falta para ello.

La información es poder
Me aburre de las regatas de los AC75 la limitada información de que disponen los comentaristas de TV, algunos de ellos afamados regatistas, sobre lo que ocurre en el campo de regatas. Empecemos recordando lo complicado que resulta narrar una regata a vela. Los tenistas disponen de una cancha de juego, un equipamiento que culmina en su raqueta y una pelota que han de golpear dentro de la cancha hasta que su contrincante no llegue a ella o la mande a la red. Todos los elementos en juego son visibles para los espectadores, en directo o desde su TV. Lo mismo ocurre con los futbolistas, su terreno de juego sus porterías y la pelota. Son competiciones sencillas de seguir.
La vela dispone de un campo de regatas a modo de cancha y de unos veleros como equipamiento. El gran problema de nuestro deporte es que la ‘pelota’ que hace ganar o perder los partidos es el viento. ¡Y el viento es invisible para el espectador! En una regata, los regatistas aprovechan lo mejor que pueden el viento en sus mínimas roladas y rachas puntuales y esta maestría les permite llegar a la meta por delante de sus rivales.
Pero los espectadores de las regatas no vemos el viento en su detalle y solamente podemos sospechar un role o un incremento de intensidad a partir de las decisiones tácticas de los navegantes. Es como asistir a un partido de fútbol sin poder ver la pelota. Sería posible intuir donde está el balón por el posicionamiento de los jugadores, pero la locución del partido sería muy incierta. Las retransmisiones de golf por TV son conscientes de la escasa visibilidad de su bola y han solucionado el problema con una infografía que dibuja su vuelo en cada golpe, facilitando mucho la comprensión del espectador.
La infografía televisada de las regatas de los AC75 es voluntariosa y mejora a sus predecesoras, pero apenas señala con flechas y colores la supuesta dirección e intensidad del viento (ceñida y empopada). Echo en falta una información más completa y puntual, quizás proveniente de los propios equipos de viento de cada barco, que permitiera a los comentaristas entrar en detalle y justificar -no intuir- el porqué de cada maniobra.

‘Al final, todo es una cuestión de velocidad’ (Jimmy Spithill)
A menudo escucho referencias a los AC75 comparándolos con la F1 del mar. No lo veo así y las regatas de la Copa América me recuerdan a las carreras de Dragsters, pues los barcos también salen de dos en dos y su éxito se basa en su capacidad de aceleración y velocidad punta. La Fórmula 1 del mar la veo mucho más reflejada en los circuitos Sail GP o TP52, con regatas de flota enormemente reñidas donde también compiten la mayoría de patrones de la Copa América.
Sacarle el máximo partido a un AC75 supone una enorme complejidad. Hay infinidad de datos y factores a tener en cuenta y llevar uno de estos rapidísimos barcos en regata obliga reaccionar en milésimas de segundo en situaciones en las que un velero ‘normal’ permite varios segundos para pensar.
Todos los controles del barco se manejan desde monitores y/o en la rueda (¿deberíamos decir volante?) y los patrones llevan el AC75 como si fuera un coche o un yate a motor. En cubierta no hay escotas, poleas ni cabos. Nada hace pensar que estemos ante un velero. Sobre cubierta solo vemos los cascos de los navegantes y los lomos de los ciclistas.
Buscando ganar audiencia entre un público ajeno a la vela, los AC75 han ido muy lejos en su sofisticación, creando una tremenda brecha tecnológica con los veleros en los que navegamos el resto de los mortales. Viendo estos veleros voladores no tengo la sensación de que estemos practicando el mismo deporte, una sensación que sí tengo viendo los TP52. Echo en falta el paralelismo que tiene un aficionado al tenis viendo a Carlos Alcaraz o un motero a Marc Márquez.

Todo por la audiencia
La Copa América se dice aportará miles de millones de euros a la ciudad de Barcelona en forma de gasto de los aficionados desplazados a la ciudad condal para ver las regatas. Leer esta noticia con tanta repetición me hace sospechar que las autoridades municipales se temen lo contrario. Igual temen que Barcelona acabe con un déficit económico similar al que tuvieron sus predecesores Valencia, San Francisco, Bermuda o Auckland. Barcelona es una ciudad con una elevada capacidad hotelera y una alta demanda de ocupación -turística y empresarial- durante todo el año. ¿Marcará la Copa América un plus suficientemente significativo para compensar el canon pagado a los organizadores de la regata?
En las primeras pruebas en Barcelona se ven pocos barcos de aficionados desplazados al campo de regatas para ver los AC75. ¿Variará esta tendencia cuando empiecen las regatas más definitivas?
Los cambios introducidos en recientes ediciones de la Copa, como el AC75 con foils, la inusual participación del Defender en las rondas de los Challenger o la Copa América Femenina y Junior ¿van a incrementar la audiencia del multimillonario negocio que busca la America’s Cup?
Es lícito intentar el beneficio empresarial. El problema con la Copa América es que este plus de audiencia y réditos se está buscando entre un público generalista usando ingredientes fáciles de entender como la velocidad y la modernidad de diseño. Por la cuneta se han quedado conceptos propios de la vela como las drizas, las escotas, los cambios de vela o las tripulaciones moviéndose por cubierta.
Es fácil rebatir mis argumentos acusándolos de viejunos y conservadores. Pero todos los aficionados a la vela navegamos en estos barcos tradicionales. Dicho de otra manera; no concibo un Mundial de Fútbol, un torneo de Wimbledon o un Tour de France con equipamientos distintos a los que utilizan los aficionados al fútbol, el tenis o el ciclismo. Buscando aumentar su audiencia y su beneficio, la Copa América está tomando un camino que quizás puede generar su rédito, pero que también puede desconectarla irremisiblemente de los aficionados a la vela.

(por: Enric Roselló, editor de Mar Abierto)

Comentarios

Totalment d'acord. Zero

Totalment d'acord. Zero interès. No ho segueixo en absolut. No són barcos. Totalment encertats el text.

Copa America.

Estoy de acuerdo con la crítica. Soy navegante y con el seguimiento de la transmisión no aprendo-entiendo nada. Vivo a trecientos metros del mar-cancha y si quiero ver las regatas pongo la tele. Nada que ver con la navegación nuestra de cada aficionado a la náutica. Es otro espectáculo distinto. Como tal hay que tomarlo.